El efecto PLACEBO cuando vas a tu fisioterapeuta
¿Qué es el efecto placebo?
En esta publicación me gustaría hacerte saber las diferentes situaciones en las te ves afectado por este efecto NEGATIVO cuando acudes, como paciente, a Fisioterapia.
En el caso de la Fisioterapia, el efecto Nocebo esquemáticamente sería debido sobre todo por la «actitud negativa o pasiva» que puedas tener antes, durante o después de la sesión o protocolo de tratamiento.
Te pongo a continuación algunas situaciones donde dicho efecto puede restarle efectividad a tu terapia. Si estás asistiendo o vas a ir a Fisioterapia te recomiendo que lo leas punto por punto y seas consciente de en cual crees tú que fallas o puedes fallar y que se lo comentes abiertamente a tu Fisioterapeuta para que, entre los dos, le podáis dar solución o al menos tenerlo en cuenta.
…artrosis
…una tendinitis del supraespinoso.
…una rotura del tendón.
…un problema del manguito de los rotadores.
…una capsulitis.
…un hombro congelado.
…un pinzamiento o problema en el cuello.
…una contractura enorme.
…un problema de estabilidad de la escápula.
…malas posturas.
…el peso del bolso.
…debido a tu trabajo.
…etc. etc.
A parte de los posibles diagnosticos que has podido escuchar, a esto hay que sumarle comentarios que los sanitarios y no sanitarios hacemos durante la propia terapia y que se pueden quedar grabados a fuego en tu cabeza, por ejemplo, si has tenido un dolor lumbar:
«Como no se cuide terminará usted en una silla de ruedas»
«Menuda hernia discal tiene usted aquí»
«Yo no se como puedes moverte con las contracturas tienes aquí»
«Tienes los músculos de la espalda y del abdomen débiles»
«Esto te viene de los puntos gatillo»
«Tienes una pierna corta y eso provoca una cadera más alta que otra»
«Tu higado no funciona bien y genera un dolor en tu espalda»
«Tienes la vertebra girada y hay que ponerla en su sitio»
«Tienes un bloqueo en el meridiano de Vejiga»
«Tienes la postura fatal»
«Menudos nudos tienes aquí»
«Un largo etcétera» (Solo tienes que recordar los comentarios que te han hecho a tí.
Imagínate a tu cerebro dándole vueltas a: «Lumbago, hernia, contracturas, músculos débiles, punto gatillo, pierna corta, mala postura, algo malo en el higado, una vertebra girada, una vertebra fuera de su sitio, un bloqueo energético, nudos, etc. etc.
Cuanto mayor sea el «número de ideas», mayor será tu estado de incertidumbre y por lo tanto mayor tu desasosiego.
A esto súmale que cada profesional te habrá recomendado un tratamiento diferente: Analgésicos, antiinflamatorios, relajantes musculares, infiltraciones, masajes, vendajes, crujirte la espalda, agujas, agujas que dan descargas, ejercicios, tratamientos suaves, palizas, etc. etc.
Si después de visitar a diferentes profesionales (médicos, fisioterapeutas, osteópatas, masajistas, curanderos, etc.) no has logrado eliminar tu problema, a tu dolencia se le sumará los pensamientos recurrentes de: «no tengo cura», «nadie da con la tecla», «no se lo que me pasa», «esto es para toda la vida», etc.
Y por si no fuera poco, tenemos encima a dos grandes colaboradores: La gente de nuestro entorno e Internet.
Por que estoy seguro de que te ha pasado o conoces a quien le ha pasado que doliéndole la cabeza ha escuchado cosas como:
«eso ya le pasaba a tu padre y fijate como sigue» (mamá)
«a mi tío le pasó lo mismo y al final era un cancer» (amigo)
«eso puede ser de que no corra bien la sangre por la cabeza» (compañero de trabajo)
«eso seguro que son migrañas» (vecina)
«pues hazte a la idea de que eso es para largo» (primo)
y encima, para ayudar a nuestro cerebro que ya está «INFOXICADO» nos ponemos a mirar en google a ver que encontramos que cuadre con lo que te pasa…y suele ocurrir que encontramos información y rara vez esa información es para ayudar o para darle solución al problema.
Si te das cuenta es información negativa que se va sumando y sumando...y eso no es lo peor…lo malo es que no pares de darle vueltas, logrando así hacer realidad algo que no tiene por que serlo…
Párate un momento a pensar por que seguro que esto te ha pasado con alguna situación de tu vida, aunque no sea un dolor o una patología.
Por eso, cuando vayas a tu fisioterapeuta coméntale todo lo que te preocupa, cuales son tus creencias sobre lo que crees que te pasa y que dudas o inseguridades tienes con respecto a tu dolor, patología, diagnóstico, valoración y tratamiento.
Es una forma de empezar quitando el lastre, que muchas veces no tiene nada que ver con la realidad.
Si al llegar no te gusta el ambiente, ya sea por la decoración, la iluminación, el orden y la limpieza, e incluso la propia silla donde esperas. Son pequeños detalles que sin darnos cuenta hacen que no estés comod@.
Que hayas tenido experiencias negativas con otr@s fisios, hará que estar esperando en la sala de espera se vuelva un momento de tensión e incomodidad.
Seguro que se te ocurren algunos más que te han hecho pensar «no estoy cómodo» o «esto no me gusta»,
No te haces una idea lo importante que es comentarle todas estas cosas a tu fisioterapeuta. No como una crítica, sino como algo constructivo que hará que te sientas mejor y con menos carga a la hora de afrontar la terapia.
Sentir que no te han evaluado adecuadamente o que no han estudiado bien tu caso y pasan a tratarse sin más puede darte la sensación de que «me va a tratar sin saber lo que tengo»
También ocurre al contrario, cuando ves que te exploran y exploran, no paran de hacerte pruebas, test y demás y terminas con la sensación de que no te han tratado a penas, a no ser que el fisioterapeuta te haya explicado que forma parte de un protocolo de tratamiento donde es muy importante saber lo que te ocurre. Aun así es importante que si sales con esa sensación, lo comentes.
Tener la sensación de que los objetivos de la sesión o del protocolo de tratamiento de tu fisioterapeuta y los tuyos no son los mismos, por ejemplo, que para ti lo más importante sea tu dolor de rodilla y tu fisioterapeuta se centre en mirarte solo la postura y nada más.
Sentir que las técnicas son demasiado suaves o fuertes y no te gusta que se hagan de esa forma y aún así por no molestar, por decoro o miedo no lo dices.
Tener claro que no te gusta alguna técnica, por ejemplo las agujas de la punción seca, los masajes fuertes, que te crujan o los vendajes y el fisioterapeuta dice de aplicarlo en terapia y no le dices que no te gusta y no deseas que te la haga.
Sentir que el fisioterapeuta no contesta claramente a tus dudas y preguntas o después de su explicación no te queda claro algo
Saber que hay una técnica o método que te encanta o te viene bien y no decírselo a tu fisioterapeuta. (La idea no es decirle lo que tiene que hacer, sino lo que te ha venido bien según tu experiencia como paciente)
Notar que el/la fisioterapeuta está pendiente de ti, de otros pacientes, del teléfono, de otras cosas y no se lo haces saber y te quedas con esa tensión dentro.
Seguro que se te pueden ocurrir otros más.
No entender bien alguno de los ejercicios que te manda para casa.
No saber bien para que sirve algunas de las recomendaciones que te da.
Terminar la sesión entendiendo que toda la recuperación depende solo de su trabajo y no de tu participación.
Finalizar la sesión con la sensación de que algo se ha quedado sin tratar o que no se ha tratado como tú esperabas o habías pensado y no decírselo a tu fisioterapeuta.
Sentir que tu fisioterapeuta te hace siempre lo mismo aunque no se consiguen resultados.
o simplemente salir mal y cuando te preguntan ¿Qué tal sales?, contestarle «bien», por no molestar o no decir lo que realmente piensas.
Etcétera, etcétera.








